Breve biografia de Francesc Sagrera elaborada por el P. Josep Liñan Sch. P.

Francesc Sagrera  es el nombre de un escolapio sencillo y humilde, pero muy culto, que nació en Breda (Cataluña) y murió en la villa de Moià. Después de su temprana muerte, el 22 de febrero de 1940, Breda le nombró hijo Ilustre de la Villa y unos meses más tarde Moià le declaró Hijo Adoptivo.

Había nacido en 1901, estudió en los Hnos. de La Salle, frecuentó el Oratorio de san Felipe Neri y entró en el Seminario de Barcelona. Cuando ya estaba a punto de terminar sus estudios con brillantez y conducta intachable, pidió ingresar en la Escuela Pía. Terminados sus estudios y ordenado sacerdote estuvo un año en la Comunidad del Colegio Calasancio de Barcelona. Al terminar el curso, el médico aconsejó al joven, de salud endeble, un clima mejor y recomendó Moià. Allí vivió varios años enseñando Comercio y trabajando en el apostolado juvenil dando Círculos de estudio.

Cuando el año 1936 iban a asaltar el colegio, salió toda la Comunidad. Él se retrasó para sumir el Santísimo. Los revolucionarios lo prendieron e hicieron que los acompañara por la comunidad y el colegio. Determinaron fusilarle y él rogó que lo hicieran al pie de la estatua del Sagrado Corazón que presidía el claustro. Cuando iban a perpretar lo acordado, a un revolucionario se le disparó la metralleta hiriendo a uno de los revoltosos. Cogieron al padre y lo subieron al camión; pero viéndolo tan débil, lo dejaron en la plaza junto a la farmacia. Así se salvó. Vivió los años de la guerra en una casa de campo enseñando a los hijos de los labradores y visitando enfermos que pedían los auxilios espirituales en aquellos años peligrosos. A pesar de vivir en el campo, su salud no mejoró.

Vuelto el año 39 a su Comunidad, a pesar de su salud quebrantada, continuó con las clases y su misa en las monjitas y con sus Círculos de estudio.

Un día, a mitad de la misa, desfalleció y, atendido por las religiosas, fue trasladado al colegio y a los pocos días falleció.

Su muerte trastornó a todo el pueblo. Los jóvenes no sabían separarse del cadáver. A petición de los obreros, las fábricas dieron fiesta para asistir al sepelio. Después del funeral, concurridísimo, sus jóvenes le llevaron a hombros hasta el lejano cementerio.

Su clase estaba configurada como una democracia y se regía por una mini constitución que era observada escrupulosamente. Quería y conseguía una escuela libre, responsable y alegre, encandilando a los jóvenes con sus ideas calcadas de la doctrina social de la Iglesia. Atendía espiritualmente a muchas personas que se acercaban a él en la guerra y después de la guerra. Dejó una estela de virtud y santidad que dura todavía.

Sus antiguos alumnos le dedicaron varios homenajes, obtuvieron del Ayuntamiento que le dedicara una plaza y lograron dar vida a la Fundación que lleva su nombre . También consiguieron que el Obispo de Vic iniciara en Moià el proceso de canonización que sigue en Roma el curso normal, avalado por una voluminosa documentación extraordinariamente interesante.

El fin principal de la Fundación es dar a conocer el espíritu y las enseñanzas del escolapio, para que los maestros, convencidos de la importancia de una auténtica formación humana, libre, justa y cristiana por convicción, lograsen, según el espíritu de Calasanz, una vida mejor.